Nuestra negativa a ser felices.

El orgullo es una de las primeras razones.
Detenemos cada uno de nuestros pasos basados en la idea de ceder tanto como el otro ceda... O de dar tanto como el otro nos de. Y la idea no es esa, se trata de llenarnos tanto como el corazón lo pida y si se trata de locuras y/o "rush stuff", ¡qué más da! el frentazo duele, pero queda la satisfacción de no haberse quedado con ganas de hacer o decir algo.
El miedo es otra de ellas. YK lo dijo.... el día que seas enteramente feliz, te mueres. No tiene por qué ser así. No tenemos por qué quedarnos con lo que sentimos. Aunque no creo en la felicidad como un estado total, es muy posible alcanzar los grados máximos de la satisfacción (y tener todo el tiempo una sonrisa de idiota). Me constó muchos años.
Los malos entendidos y la falta de comunicación. Vamos por la vida imaginando lo que los demás piensan o hacen cuando no están con nosotros... y es algo imposible de saber. Vemos lo que queremos ver. Uno nunca experimenta en cabeza ajena. Podemos ponernos en los zapatos del otro y pensar cómo reaccionaríamos en su lugar, pero nunca sabremos lo que realmente pasó por su cabeza.
La mala costumbre de almacenar los malos ratos y el rencor. Si vemos hacia atrás, pesan más los momentos en los que el otro tuvo alguna falla, y no debería ser así. Siempre son más los buenos instantes, si es que lo analizamos de verdad.
Prejuicios. No nos dejamos fluir a veces porque el otro no cumple con nuestras expectativas sociales y/o los prejuicios que nosotros mismos nos hemos forjado.
La predisposición. Todos tenemos un background, una historia que duele y pensamos en ella como cíclica. No nos damos cuenta del regalo de la novedad en cada instante de la vida.
La pérdida de la sensibilidad. Nuestros ojos no siempre están abiertos a las pequeñas y efímeras delicias en cada momento. (Théa sonrie y eso me hace feliz).
La falta de espontaneidad. Trazamos tan rígidamente un plan de vida que no dejamos que la aventura se apodere de nosotros, ni nos dejamos llevar por las benditas corazonadas. Lo peor es que luego nos frustramos cuando las cosas no salen como las hemos planeado.
La falta de amor propio. Permitimos que los demás se aprovechen de nuestra vulnerabilidad o de nuestra fuerza y cargamos con culpas que no nos corresponden.
El egoísmo. A pesar de que debemos ser nuestra prioridad, no nos detenemos a pensar en el otro y en sus circunstancias. Pesa más la nuestra y nos volvemos mártires en donde no nos corresponde.
La desidia. Dejamos que el tiempo pase para poder solucionar cosas. Cuando pretendemos decir lo que traemos atrapado por dentro, ya es muy tarde.
En fin... hay una lista interminable que podría escribir justo ahora, pero tengo sueño y debo dormir. Si se te ocurre alguna otra cosa, avisame. Estas aplican para cualquier tipo de relación interpersonal, ¿ves?
MATH.

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4 comentarios:

McCoy dijo...

El temor a que las cosas no salgan como queremos, o como planeamos, queriendo que nuestra pareja, o el otro, actue como uno quiere. Tratamos de modelarlo, aunque sea sin quererlo.
El no dar oportunidades por el qué dirán.
El no arriesgarse pensando que a la vuelta podrá estar algo mejor.
El no darnos la oportunidad, simplemente, de pasarlo bien.
Y cierto, hay muchas muchas más.
Descansa. Beso.

Mathob dijo...

Pues si, amigo McCoy... hay muchas más... Querer que el otro actúe como nosotros lo moldeamos... qué grave error... y mientras tanto me revuelco en sueños de agosto...

irving ricardo dijo...

sabes como soy y como pienso, ahí te va algo que he meditado mucho tiempo, otro tema para platicar el martes o jueves, días que propongo para vernos: la vida no trae la felicidad bajo el brazo, nadie dicta que debemos exprimirnos los sesos y el corazón en busca de convertirla en felicidad. Creo que en sí la gran negativa o el punto principal por lo cual no podemos ser felices es porque hay miedo en todas partes y te da por todas partes, es la epidemia de hoy en día. Si eres feliz besando a un desconocido o echándote a correr en el periférico (es peligroso pero guau con la adrenalina eh, por favor, no lo intenten a menos de que tengan dudas, cualquiera) entonces son esos ratos los que valen como dices, la felicidad a veces llega, a veces la hacemos, pero el miedo, la tristeza nos impedirá verla. La tristeza trae en el fondo miedo y el miedo desarrolla tristeza, es otro punto de vista.

TE quiero mucho guapa, nos vemos por mensaje ahora, cuídate. Vales mucho en mi vida, pa' que no se te olvide

Mathob dijo...

La teoría del miedo... son esos límites que nos ponemos, no??? Prejuicios... qué sé yo... Será generacional??? De educación??? No lo sé.... Te quiero mucho, amigo... mucho mucho y también eres parte importante de mi.

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En 1983 empezó la más extraña de las experiencias. Ahora no me puedo zafar de ella aunque quiera... es como una adicción... Audiovisual, sentimental reprimida, risueña, necia, bromista mala onda pero nunca mala copa ("El que se lleva se aguanta") y en espera de hacer siempre las cosas bien. I'm a good girl after all.

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