Wandering with Mr. Lockwood after 7 sugarcubes...

Heme aquí una vez más sin poder dormir. Luego de un efímero sueño en blanco, y después de despertar con el azul de tus ojos clavado en la cabeza.

Aquella noche, los estupefacientes no me dejaban comunicarme contigo. No podía articular palabra en tu idioma, ni en el mío. Te ofrecí disculpas frecuentemente en el camino de regreso a tu casa.
El junkie que se retorcía a mi lado en el camión me llenaba de ansiedad y me orillaba a preguntarte si es que algo se podía hacer por él. Nadie se percató de su malviaje. Y yo me estresé.
Me pedías que te dijera algo... lo que fuera... como fuera... aunque no tuviera sentido.
Dije que no lo haría porque me gustaba más observarte. Sabía que sería la última vez.
-¿Te acuerdas cuando nos conocimos?-, preguntaste.
-Eras militar en San Diego. Y yo era... muy pequeña.-
Reiste.
-Tenías quince años. Te veías más grande. Siempre has llenado de más tus zapatos. Te vi entrar en la tienda y la llenaste en un instante. Siempre con tu andar lleno de seguridad. Preparada para comerte al mundo sin chistar.-
-Tenía quince años. ¿Cuánto tiene ya?
-Mucho.-
Nunca has podido dormir cerca del suelo. Esas ganas de volar te hacían instalar la cama lo más lejana al suelo posible cada vez que te mudabas. En esta ocasión, habías puesto una guía de luces en el techo y los foquitos parecían estrellas en la oscuridad. Pusiste la mano izquierda en mi vientre mientras decías:
-Después de todo este tiempo, me queda claro el por qué te amo.-
-¿Por qué?-
-¿Aún no lo sabes, hermosa?-
-No soy hermosa, soy una mujer común.-
-Nunca vuelvas a decir en mi presencia que no lo eres. Eres la mujer más hermosa para mi. Y eso va más allá de tu apariencia.-
-Pero...-
Me besaste. Y yo derramé una lágrima. Te recordé de nuestras situaciones. Estabas a punto de casarte. Habíamos tomado caminos diferentes a lo estipulado en el plan. Yo amaba con todo el corazón. Tú no querías lastimar a tu otra mitad.
Nos confundimos en el silencio. Las luces seguían moviéndose dentro de mi cabeza llena de rabia.
-Es la última noche que pasamos juntos en nuestras vidas. ¿Lo sabes, verdad?-, pregunté.
-¿La última? Nos vamos a ver a través de los años y tendremos affaires cada que podamos.-
-No. Ese no era el plan. No nos engañemos y aceptémoslo. Yo lo amo. Tú la amas. Y no queremos sufrir con los retazos que nos quedan de cada uno de nosotros. Lo sabes.-
-Nunca voy a dejar de amarte.-
-Lo harás, eventualmente.-
-¿Cruzaste el país para decirme eso? ¿Para lastimarme así?-
-Ya no puedo lastimarte. No duele lo que ya no sientes de la misma manera en que solíamos hacerlo.-
La luz azul resaltaba tus ojos cansados. Te daba una apariencia sumamente inteligente y retumbaba con cariño en mis pensamientos de madrugada.
-Nunca voy a dejar de amarte. Lo digo en serio. Aun cuando no nos veamos nunca más.-
-Yo tampoco dejaré de hacerlo. Sólo es que dejamos pasar mucho tiempo. Y ahora ya es tarde.-, contesté.
-Lo sé. Pero quiero que sepas que...-
-Yo no quiero saber. Déjame guardarte así. Tus ojos tan azules... Buenas noches.-
...
...
...
...
...
...
Te quiero, Andy, mi amigo, mi ángel de la perseverancia. (Donde quiera que estés.)
MATH.

No hay comentarios:

Entrada más reciente Entrada antigua Página principal

¿Permiso?

Licencia Creative Commons
Yo no sé ni para qué tengo un Blog por Edna Beatriz Cruz Miranda se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Licenciamiento Recíproco 3.0 Unported.
Basada en una obra en noseniparaquetengounblog.blogspot.com.

Yo

Mi foto
En 1983 empezó la más extraña de las experiencias. Ahora no me puedo zafar de ella aunque quiera... es como una adicción... Audiovisual, sentimental reprimida, risueña, necia, bromista mala onda pero nunca mala copa ("El que se lleva se aguanta") y en espera de hacer siempre las cosas bien. I'm a good girl after all.

Math's OST

Followers


Recent Comments