Sueños...

Ni siquiera la idea de venir te ha pasado por la cabeza cuando yo ya sentí tu cercanía. Me encuentras absorta en las letras y sin levantar la mirada, te pido que tomes asiento frente a mí, en la misma mesa. Tú has traído un café. Sabes cuánto lo necesito siempre a esta hora de la tarde. Te siento sonreir en mi embelesamiento, bajo un poco los anteojos y subo la mirada para verte de cerca, te pregunto:
-¿Y ahora?
-No sé, tú dime-, atinas a responder.

Todo es claro de pronto. No hay secretos ni fórmulas. Pienso a la velocidad de la luz tantas cosas que te sorprendería. Me quedo en silencio vigilando tu frente.
Con hechos muy contundentes me explicaste quién eras al principio de los tiempos. Algo que se me quedó muy grabado fue que nunca hablaste mal de alguna mujer en mi presencia. Me llevaste a ver a tu antigua novia y hasta lograste que compartiera un par de risas con ella. Así de ecuánime eres. Eso siempre me ayudó a comprender cómo era tu trato en general hacia el género opuesto. Siempre un caballero.

-Ya necesitas un despunte-, dijiste.
-Odio cuando tienes la razón antes de que los hechos caigan por su propio peso. Voy a necesitar ese despunte hasta dentro de tres días y tú ya lo vaticinaste.
-Lo sé-, y sonreíste de nuevo.

Nunca te había dicho lo mucho que significaron tantos detalles en mi vida. Aquella vez que contesté el teléfono envuelta en un llanto incontenible debido a nuestra pelea anterior y tres horas después, al filo de las 2 a.m. te encontré frente a mi puerta, dispuesto a sofocar cualquier motivo de mi descontento para contigo.
Me enseñaste a utilizar esos pequeños detalles en contra de cualquier indicio de separación. Las notas melosas cargadas de "para siempre"s en las servilletas del sandwich que me preparabas cuando entraba temprano a trabajar, me motivaron a mí a llegar de sorpresa a aquella presentación importante que tenías, cancelando exámenes y tragedias de esa misma índole: urgente. Nunca pasó de largo cualquier oportunidad para demostrar con palabras y sobre todo con acciones la importancia del hallazgo mutuo: nosotros. Cuidaste mis fiebres, mis dolores, mis llantos, mis sueños.
Te veo detenidamente con una sonrisa llena de calma. Tú me miras en complicidad y no pronuncias palabra alguna.

-¿Hay vez en que te quedes sin argumentos? No, espera, ya recordé una ocasión. Aquel día en la escuela en la que....
-Yaaaa, para. No me quedé sin argumentos. Aposté a tu gran capacidad por remediar situaciones-,contesté.

Estallar en risas. Todo era estallar en risas conmigo, dijiste una vez. Es verdad, mi mecanismo de defensa me indica que fabricar una broma sin catálogo previo en el manual del buen gusto es la manera más prudente de romper el hielo.
Me viste muchas veces enojada. Siempre supiste cómo darle vuelta a todo y resolverlo sin perder temple. Te ví enojado sólo un par de veces en años. Tenías pésimos días en el trabajo y nunca te desquitaste conmigo. Aun llegabas a casa a preparar ese café para mí y entregármelo en una sonrisa en el peor de los días. Cuánto te admiraba por ello.
Sabías que nunca iba a aceptar ayuda en nada y dejaste de preguntar si la necesitaba. Simplemente lo hacías sin chistar. Lo noté cuando dejé de contestar "No, yo puedo sola". Me veías en acción y tú sólo te incorporabas a la empresa.

-Llevo meses con un "Wise man" atorado en la cabeza. Eres tú, supongo-, dije regresando la mirada al libro de páginas blancas.
-¿Por qué lo supones?- y pusiste una mano sobre el libro inamovible del escritorio.
Yo puse mi mano sobre la tuya, entrelacé nuestros dedos y me ayudé de ello para dejar tu mano fuera de las letras blancas que seguía leyendo. La dejé a un lado y me aferré al libro.
-Fácil. Estoy soñando, ¿no? Y ni siquiera así puedo decirte todo lo que pienso, ¿cierto? Pues tú vas a despertar y lo sabrás. Aun cuando ni en sueños te lo haya dicho. Aun cuando en mi estado consciente no recuerde todo esto que debo decirte algún día.
-Nunca he dejado de hacerlo-, dijiste orgulloso.
-Espero que no.-

Recordaba con especial aprecio las tardes de cine. Aun cuando trajéramos capital de estudiante, siempre teníamos ganas de meternos al cine a la menor provocación. Pasábamos horas hablando de construcciones semióticas y de desarrollo de personajes. No siempre coincidíamos, pero te recuerdo escuchar atento y defender tus puntos de vista a capa y espada cuando era tu turno.
En ocasiones también me regresan a la mente distraída esos momentos en que te veía hablar de mí con alguien más. Me inflamaba tanto la ternura verte orgulloso. Casi tanto como cuando hacías cualquier tipo de cumplidos a mis ideas desesperadas en mis trágicos momentos de aburrición. Un "¡Fabriqué una lámpara!" merecía un "Eres una gran diseñadora". Me hacía ser mejor persona en todo aspecto.

-Nada más vine a ver cómo estabas. Me voy-, dijiste.
-No lo has preguntado.
-No hace falta, te conozco.
-No he dicho nada aun, pero creo que lo escuchaste todo, ¿cierto? A veces me atormenta la idea de encontrarme en redención eterna. Ya es necesario que termine la agonía de nuestros fantasmas en el armario. Necesito terminar de decírtelo todo para estar en paz-, dije implorando de alguna forma.
-Estoy de acuerdo. Creo que falta poco, debes tener paciencia.
-Don't you know me at all? Lo quiero todo siempre para ayer.- y sonreí.

Tomo la pluma para escribir algo sin tinta. No pretendo decir nada ya. Mis ojos viajan entre letras muertas, palabras en estado de coma que esperan un respiro y la resolución. Cada vez les resulta más difícil viajar en este trance.
Salgo de mi efímera concentración para percatarme de que ya no estás. Te fuiste de nuevo.
Odio la "vanishing routine" y aquí sigo.
MATH.

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Yo no sé ni para qué tengo un Blog por Edna Beatriz Cruz Miranda se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Licenciamiento Recíproco 3.0 Unported.
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En 1983 empezó la más extraña de las experiencias. Ahora no me puedo zafar de ella aunque quiera... es como una adicción... Audiovisual, sentimental reprimida, risueña, necia, bromista mala onda pero nunca mala copa ("El que se lleva se aguanta") y en espera de hacer siempre las cosas bien. I'm a good girl after all.

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